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Albert SlosmanEl zodíaco de Dendera, Paperback
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El concepto antiguo, y sin embargo ver dico, parece ser para nuestro mundo cada vez m s imperceptible, e incluso err neo para la humanidad actual. El Alma, si es que esta noci n espiritual a n tiene alg n significado, ya no posee esta esencia que un a el hombre a su Creador, lo que en tiempos de las primeras dinast as fara nicas era lo esencial que marcaba a los seres civilizados. Actualmente, totalmente rechazada por cuatro quintas partes de la poblaci n del globo, la Creaci n Divina s lo subsiste como una estructura a reconstruir para la fracci n restante, ma ana ya no ser m s que una hip tesis aleatoria.
En nuestro mundo, que se define como moderno, nuestra civilizaci n avanzada ha empeorado la situaci n de forma catastr fica, en cierto modo, el simple positivismo ateo ha sido elevado a su apogeo por los cient ficos, cuyas almas se han convertido nicamente en buenas mentes llenas de materia gris. La ciencia deificada por los axiomas aritm ticos ha sustituido la Ley de la Creaci n: otro becerro de oro ha sido eregido
Y ste es a n m s poderoso, ya que los seres geniales que edifican este poder, el m s terrenal, olvidan que ello le es posible nicamente gracias al libre albedr o que sus almas les dan para actuar y calcular seg n sus pautas. La necesidad reside aqu la Parcela Divina es insuflada en el cuerpo humano con el fin de que el Creador encarne los principios de la Ley, y no la Ley en s , con el fin de dejar al Hombre a su libre albedr o. Es necesidad vital para el avance de la humanidad progresar constantemente en acuerdo con la Armon a Celeste si quiere sobrevivir en la perpetua evoluci n del entorno terrestre. Y la necesidad existe por el s lo hecho de que el universo existe, es la uni n necesaria entre el cielo y la tierra, tal y como la densidad de un cuerpo provoca que ste exista por el s lo hecho de dar consistencia al mismo.
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